Embarazadas con VIH: el riesgo de transmisión al bebé puede ser del 2 por ciento

15 de enero de 2016

El tratamiento médico disminuye las probabilidades de infección del bebé y aumenta la calidad de vida. La clave: la detección temprana del virus.

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La cura para el Sida es un sueño pendiente para muchos. No obstante, con tratamiento adecuado, las personas que viven con VIH pueden tener una buena calidad de vida y una sobrevida que es la misma que una persona sin VIH.

Con estos avances, desde 1996 el número de niños infectados por transmisión vertica -de madre a hijo, que se produce durante el embarazo, el parto o la lactancia- ha ido disminuyendo progresivamente. Desde mediados de la década pasada la cifra se ha estabilizado en alrededor de 100 por año, con una tasa de transmisión vertical que varía entre el cinco y el seis por ciento. Aunque, los médicos aseguran que la cifra esperada es del dos por ciento.

La cifra elevada se debe a que la mujer suele concurrir tarde al sistema de salud; muchas de ellas desconocen la importancia de hacerse el test durante el embarazo y a veces no van a buscar el resultado; el médico no pide el análisis (algo poco frecuente en la actualidad); y el procedimiento diagnóstico tarda mucho. La detección temprana de la infección en la mujer, en cambio, permite implementar esquemas terapéuticos adecuados, que van desde el tratamiento de la embarazada hasta controles, medidas y medicación para los bebés y niños expuestos al virus.

Hacer el diagnóstico de VIH precozmente en el embarazo es una oportunidad única, para poder dar rápidamente tratamiento antirretroviral a esa mujer y que llegue al momento del parto con carga viral no detectable. Eso nos va a garantizar que nazca un niño sano.

Para eso, es recomendable que las mujeres en edad fértil y sus parejas realicen el test diagnóstico de VIH, y que el análisis de sangre forme parte del control prenatal en la primera consulta, tanto para la embarazada como para su pareja. El test se debe repetir en el tercer trimestre de ambarazo. En ambos casos, es importante el asesoramiento sobre la enfermedad y sus vías de transmisión, así como despejar temores y dudas que pueden retrasar el diagnóstico.Cuando el resultado es positivo, se debe confirmar el diagnóstico y continuar la atención en forma conjunta con un equipo interdisciplinario, tanto para la madre como para el niño.

No se conoce con precisión cuándo ocurre la transmisión al bebé, pero diversos estudios han sugerido que la mayoría se produce en el embarazo avanzado o en el parto. La identificación temprana en el niño permite la aplicación apropiada del tratamiento.Siempre hay algo para hacer, aunque tengamos un diagnóstico dos semanas antes del parto. Es tarde, pero es algo, quizás tengamos la opción de un niño sano. 

El objetivo del tratamiento es que esa mujer llegue al momento del parto con carga viral no detectable. Cuanto más tiempo tome el tratamiento durante el embarazo mejor va a ser para su bebé. Por ejemplo, no es lo mismo recibir una semana de tratamiento que siete meses.Además, hoy se le da al recién nacido una profilaxis con drogas antirretrovirales -que puede ser de una a tres drogas- durante cuatro semanas. Podemos diagnosticar al recién nacido a los dos o tres meses. Mientras que hace unos años teníamos que esperar 18 meses para hacer el diagnóstico.

Entre las herramientas disponibles para reducir la transmisión materno infantil se incluyen, además: cuidados prenatales, medicaciones (antirretrovirales) seguras y efectivas, intervenciones obstétricas específicas para disminuir el riesgo (tales como cesárea) y evitar infecciones, alimentación exclusiva con fórmula para el bebé y otras.

También se busca: prevenir el contagio del VIH en la mujer, evitar los embarazos no planificados e intensificar el seguimiento pediátrico de los niños expuestos a la transmisión vertical.

Fuente: entremujeres.clarin.com

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