El Ramadán alivia la tensión en Rebrón

22 de junio de 2015

La ciudad es un símbolo de la tensión entre palestinos e israelíes. Decenas de locales volverán a trabajar.

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Casi 20 años después, algunas tiendas de la zona de la ciudad ocupada por Israel han podido reabrir sus puertas. Pero los comerciantes palestinos piden más. Aseguran que los permisos concedidos por las autoridades israelíes no son suficientes para inyectar vida en una ciudad que agoniza.

El mes más sagrado para los musulmanes llegaba este año con aire fresco para los habitantes de la ciudad cisjordana de Hebrón. Días antes su alcalde, Daud al Zaatari, convocaba a los medios para anunciar que, por primera vez en casi dos décadas, decenas de comercios de la calle Al Sahla podrían reabrir sus puertas coincidiendo con el inicio del Ramadán.

En Hebrón se encuentra la Tumba de los Patriarcas, sitio sagrado para los judíos, o la Mezquita de Ibrahim, venerada por los musulmanes. En 1997, Israel entregó la mayor parte de Hebrón a la Administración palestina. Este sector (H1) comprende la mayor parte de la ciudad. El resto (H2) sigue bajo control israelí. La ciudad es un símbolo de la tensión entre ambas comunidades. Allí fueron hallados en 2014 los cuerpos de tres adolescentes judíos asesinados, un antecedente de la última guerra en la Franja de Gaza.

“Habíamos llegado a un acuerdo con las autoridades israelíes para abrir las tiendas de ambos lados de la calle Al Sahla, pero después cambiaron de idea y permitieron la reapertura solo de uno”, explica al Zaatari a Clarín. “Desde el Ayuntamiento vamos a presionar para que se reabran todas porque su cierre fue ilegal”, insiste el alcalde.

“Se trata de una mera campaña propagandística”, denuncia uno de los únicos siete comerciantes autorizados a abrir sus establecimientos en H2. “Incluso si fuera cierto que van a abrir una decena de tiendas más, ¿Qué pasará con las otras 500 que llevan 15 años cerradas?”, añade este palestino de mediana edad que se niega a dar su nombre o a ser fotografiado por miedo a ser objeto de represalias.

El mismo patrón se reproduce en la tienda de al lado. En este caso son tres jóvenes los que atienden a los clientes que pasan por allí. Uno de ellos, Mohammed, que habla un excelente inglés y es hijo del dueño, prefiere no dar su apellido.

“Se suponía que iban a abrir varias tiendas más, pero cuando lo hicieron por la mañana llegaron los soldados y se lo impidieron”, continúa. “Al final, el ejército siempre cede al interés de los colonos”, concluye este joven en relación a los más de 700 colonos israelíes que viven en H2 –protegidos por el mismo número de soldados y policías– junto a una población de unos 37.000 palestinos.

Hebrón es la única ciudad cisjordana donde hay calles solo para israelíes, con accesos y comercios cerrados de forma permanente para los palestinos. Desde que comenzara la Segunda Intifada (2000-2005), el 40% de la población ha migrado, bien a otras partes de Cisjordania, bien a la zona hebronita bajo jurisdicción de la Autoridad Nacional Palestina.

Por su parte, fuentes de la Administración Civil de Israel (dependiente del Ministerio de Defensa que gestiona los Territorios Ocupados) niegan que el acuerdo alcanzado con el ayuntamiento para la reapertura de las tiendas en la zona H2 –y que fue iniciativa de la delegación local del Comité Internacional de la Cruz Roja– hubiera sido diseñado para tantos comercios, limitando su número solamente a siete.

“Es más bien una medida de distensión. De funcionar bien, seguramente puedan ir abriendo más comercios”, afirma un agente de policía israelí. “También habrá quien tenga autorización y no abra por miedo a los colonos o hacia sus propios vecinos”, confiesa mientras llama la atención a unos jóvenes palestinos subidos en el paragolpes de su jeep blindado para hacerse una foto con el teléfono celular. “Yalla, barra!” (¡fuera de aquí!), les grita, en perfecto árabe.

Al poco pasa una patrulla del TIPH, grupo internacional de observadores civiles que observa la correcta aplicación del protocolo de retirada de 1997. Uno de ellos, italiano, comenta que la expectación creada por el alcalde fue mayor de lo que había sido negociado. “Sin duda es un número simbólico de tiendas. Quizá algún día florezca la vida en esta ciudad fantasma, como antes de la Segunda Intifada”.

Fuente: clarin.com

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