¿Comés por ansiedad? ¡12 claves para dejar de hacerlo!

3 de agosto de 2015

Los alimentos nos dan una rica cuota de placer, que se convierte en un problema cuando nos acostumbramos a utilizarla para evitar o sobrellevar la ansiedad. Cómo desvincular la comida de las emociones.

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Todos algunas veces comemos por ansiedad. De recién nacidos ya comenzamos a desarrollar una conexión emocional con la comida. Los alimentos nos dan una rica cuota de placer, pero ésta se convierte en un problema cuando nos acostumbramos a utilizarla para sobrellevar o evitar estados emocionales intensos (como la ansiedad).

Si consideras que este puede ser tu caso, las siguientes sugerencias pueden ayudarte para encontrar un equilibrio:

1 - Tener intención de cambiar. Es necesario tener la firme determinación de querer transformarnos. Este es siempre el punto de partida: sin intención apasionada NO hay cambio. En este caso, consiste en darnos cuenta de la necesidad real de generar cambios profundos en nuestra manera de percibir y manejar la ansiedad, sin comida. Abrimos un interrogante para reflexionar: ¿realmente estoy dispuesto/a a generar cambios profundos para hacer un manejo diferente de mis emociones?

2 - Armarnos de un lugar libre de tentaciones. "Mente que no ve, mente que no se entera”, tal como lo hemos comentado hace unas semanas en esta columna.

3 - Observar sin juzgar la propia reactividad del comportamiento que nos lleva a comer de esta manera (carga de pensamientos, emociones y sensaciones físicas que rigen la conducta). Para ellos proponemos:

4 - Generar momentos de pausa. Tal como hemos compartido en la columna anterior, con el espacio de respiración en tres minutos nos damos la posibilidad de observar y desactivar la intensidad de la emoción, lo cual nos permitirá responder de una manera más adecuada a lo que la situación requiera, sin comida. 

5 - Separar las emociones de esta carga y aprender que las emociones son hechos pasajeros que a menudo no requieren respuesta, “sólo se trata de emociones” (el trastorno de la regulación de las emociones refleja déficits a la hora de identificarlas, gestionarlas y utilizarlas de forma adaptativa).

6 - Separar los pensamientos de esta carga de reactividad y aprender que los pensamientos son sólo pensamientos, hechos pasajeros que a menudo no requieren respuesta.

7 - Separar y tolerar los impulsos de conducta de esa carga de reactividad. A esto llamamos tener el coraje de transitar la incomodidad, observándola, sin reaccionar, de una manera diferente. 

8 - Reconectar y volver a vincularse “de manera simple” con las señales fisiológicas de hambre y de saciedad. Identificar las necesidades verdaderas (“¿tengo realmente hambre?”).

9 - Distinguir las sensaciones corpóreas de las emociones, y discernir las indicaciones de regulación del apetito.

10 - Empezar a reconocer las verdaderas necesidades. Diferenciar hambre real de hambre emocional. “Aprender a manejar la ansiedad, para que la ansiedad deje de manejarte a vos”.

11 - Aprender a ser amables con nosotros mismos cuando las cosas no salen como lo deseamos. Cultivar la autocompasión.

12 - Pedir ayuda a un profesional de la salud cuando nos damos cuenta de que lo necesitamos.

Fuente: clarin.com

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