El empresariado de Brasil salió a apoyar al gobierno de Rousseff

10 de agosto de 2015

Las poderosas cámaras de San Pablo y Río reclamaron que se detenga la ofensiva. Y llamaron al diálogo.

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Las dos grandes federaciones empresariales de Brasil, la paulista Fiesp y la carioca Firjan, se apresuraron a respaldar la permanencia del gobierno de Dilma Rousseff. En una nota conjunta, algo que no suele ser muy habitual, enfatizaron que “el momento” es de “responsabilidad, diálogo y preservación de la estabilidad institucional” del país. Para ambas entidades que concentran el 60% del PBI, se atraviesa una “situación política y económica que es la más aguda de los últimos 20 años”. Y convoca a “todas las fuerzas políticas para que trabajen en pro de la sociedad”.

Publicada el viernes en los principales diarios brasileños, la declaración contuvo un mensaje destinado a los congresistas, que parecen estos días más preocupados por asestar derrotas al gobierno que por acompañarlo con las medidas económicas. Por eso, tanto los paulistas como los fluminenses advirtieron: “Es hora de dejar de lado las ambiciones personales o partidarias y mirar en el interés mayor de Brasil”. Justamente ayer el titular del bloque de Diputados de la socialdemocracia (PSDB) Carlos Sampayo proponía como salida a la crisis política que se apoderó de Brasilia, la convocatoria a nuevas elecciones. Esto significaría de hecho forzar a la presidente Rousseff a una renuncia; como también la de su vicepresidente Michel Temer y del propio titular de la Cámara Baja Eduardo Cunha, ambos en la línea de sucesión.

Dilma no vaciló en responder a esa última propuesta aventurada por el joven Sampaio, una de las nuevas estrellas del universo “tucano” (como llaman a la militancia socialdemócrata). Ayer, en un acto, la presidenta sostuvo: “La primera característica de quien honra el voto es saber que él es la fuente de mi legitimidad. Y nadie va a sacar esa legitimidad que el voto me dio”. La gobernante insistió: “una democracia respeta sobre todo la elección directa por el voto popular. Además de eso, quiero decir que a lo largo de mi vida pasé muchos momentos difíciles. Soy una persona que aguanta la presión; así como aguanto la amenaza”.

El apoyo empresarial al gobierno probablemente ayude a aplacar la sucesión de rumores que ayer inundó Brasilia, una capital político-administrativa distante geográficamente de los principales centros productivos. Se llegó al punto de mencionar que era inminente una reforma ministerial y que el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva podría ocupar un lugar en el nuevo gabinete. En ese contexto, el vicepresidente Temer dejaría su lugar en la “coordinación política” del gobierno. 

Hubo medios brasileños que conjeturaban una supuesta ambición del vice de ocupar el lugar que Dilma dejaría presuntamente vacante. Pero a poco de andar, el propio Temer desechó de plano esa versión. Para el titular de la federación industrial de Río de Janeiro, Eduardo Gouvea Vieira, el empresariado “no puede quedar paralizado mientras observa a los políticos destrozarse entre ellos”. Y añadió: “No se puede continuar con un país sin confianza y sin estabilidad. No hay loco que vaya a invertir con ese perfil”. Su demanda apuntó a que por esa vía “se comprometerán aun más a las empresas y los empleos. Es preciso tener una agenda positiva, de soluciones”. El mismo día, un editorial del diario O Globo consignaba: “Hay que entender que la crisis política, cuando corroe la capacidad de gobernar, amplifica la crisis económica por degradar las expectativas y paralizar al Ejecutivo”. Concluyó que de este modo “la nota de riesgo de Brasil irá abajo del grado de inversión, con todas las implicaciones que eso representa: reducción de inversiones externas directas y financieras. Y por lo tanto derivará en mayores devaluaciones cambiarias”.

Fuente: clarin.com

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